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Modernización educativa: Gobierno inaugura tercer grupo de centros

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El Salvador avanza con la tercera entrega del programa “Dos Escuelas por Día”, sumando 70 centros renovados y elevando a 210 el total intervenido en poco más de un año, con obras distribuidas a escala nacional y un énfasis sostenido en mejorar las condiciones de aprendizaje.

El sistema público de educación en El Salvador se encuentra inmerso en un proceso de modernización que cobra impulso con la habilitación del tercer paquete de 70 escuelas renovadas. Esta nueva fase forma parte del programa “Dos Escuelas por Día”, presentado el año pasado con una premisa clara y ambiciosa: arrancar cada jornada con la construcción o rehabilitación de dos centros educativos, incluso durante fines de semana y feriados, para transformar gradualmente la infraestructura escolar del país. La inauguración fue presidida por el presidente Nayib Bukele desde el Centro Escolar Colonia Alvarado, en Acajutla, Sonsonate, y permitió subrayar que las obras avanzan sin pausa, con intervenciones simultáneas en distintos puntos del territorio.

Con este hito, el total de escuelas renovadas suma 210, afianzando una dinámica que ya había mostrado dos fases determinantes: una primera entrega en noviembre de 2025 y otra inaugurada el 31 de enero de 2026. De acuerdo con los reportes oficiales, las intervenciones ejecutadas en estas 210 instituciones implican una inversión cercana a los 184.8 millones de dólares y favorecen a unos 241,000 estudiantes del sistema público. Al mismo tiempo, se contabilizan 694 centros en diversas etapas de edificación o mejora, lo que evidencia que la operación continúa avanzando con alcance nacional. La estimación general del programa ronda los 690 millones de dólares y pretende fortalecer una red de planteles más seguros, eficientes y ajustados a las exigencias pedagógicas actuales, con un efecto directo que, a medida que se concreten las obras, beneficiará a más de 114,000 estudiantes adicionales.

Una estrategia escalonada que garantiza la continuidad y expande su presencia en todo el país

La hoja de ruta se estructura en paquetes que permiten enfocar los esfuerzos durante periodos específicos, con entregas que evidencian progresos concretos para las comunidades. Esta tercera fase se integra a las anteriores y preserva la lógica de intervención simultánea: cada paquete agrupa escuelas de diversos departamentos, tanto en zonas urbanas como rurales, para distribuir de manera más equilibrada los beneficios y disminuir rezagos históricos en la calidad de la infraestructura. La ampliación territorial resulta esencial en este modelo; en vez de canalizar la inversión hacia una única región, se asigna de forma estratégica para potenciar su alcance.

El enfoque por fases también facilita la planificación logística: permite asegurar materiales, coordinar a contratistas y supervisores, programar inspecciones de obra y organizar actos de entrega sin detener el flujo de proyectos en curso. Así, mientras un grupo de escuelas finaliza trabajos y entra en operación, otro conjunto continúa en construcción, y un tercero inicia labores de manera escalonada. Esta dinámica contribuye a sostener la velocidad prometida: dos escuelas por día, con independencia del calendario.

Acciones que refuerzan la seguridad, optimizan la funcionalidad y impulsan el aprendizaje

A pesar de que el tamaño de los paquetes destaca por su amplitud, la efectividad del programa se valora sobre todo por la calidad de cada intervención. Las obras de remodelación incluyen desde la adecuación de aulas, laboratorios, bibliotecas y zonas administrativas, hasta la restauración de techumbres, pavimentos y redes eléctricas e hidráulicas. En regiones de clima cálido se privilegian sistemas de ventilación y sombreado, mientras que en áreas con lluvias intensas se fortalecen las canaletas, cubiertas y mecanismos de drenaje. Los sanitarios y estaciones de lavado se actualizan para cubrir criterios esenciales de higiene y salud, y los espacios exteriores como plazoletas, canchas y corredores se mejoran para facilitar el esparcimiento y la actividad física.

La seguridad estructural y el control de riesgos constituyen otro pilar. En escuelas con pendientes cercanas o taludes inestables, se ejecutan obras de contención y drenaje superficial; donde existen riesgos eléctricos, se renuevan tendidos y tableros con protecciones adecuadas; si hay barreras arquitectónicas, se incorporan rampas y circulaciones más amplias para estudiantes con movilidad reducida. Todo esto redunda en entornos más dignos y confiables, que favorecen la asistencia y el rendimiento académico.

Participación de la comunidad educativa y entregas simultáneas

Las inauguraciones trascienden el simple acto de cortar una cinta, ya que estudiantes, docentes y familias intervienen activamente tanto en el diagnóstico inicial —cuando se identifican prioridades y se definen las necesidades más apremiantes— como en la revisión final de cada obra concluida. En la tercera entrega, las 70 escuelas inauguradas abrieron sus puertas al mismo tiempo en distintos puntos del país, un gesto que refuerza el alcance nacional del proyecto. Esta articulación también permite que cada comunidad observe con claridad la transformación lograda, compare el antes y el después y haga suyo el nuevo espacio.

Ese involucramiento comunitario desempeña un papel práctico, ya que fortalece el mantenimiento diario y fomenta la atención constante a las instalaciones; cuando el estudiantado y el cuerpo docente perciben el plantel como algo propio, los actos de vandalismo se reducen, los desperfectos se reportan con mayor rapidez y surgen pequeños comités de apoyo que contribuyen a conservar lo que se ha construido.

Financiación, planificación y supervisión del progreso

El componente financiero integra la ejecución por paquetes con un control de costos que, según la información oficial, alcanza los 184.8 millones de dólares destinados a las 210 escuelas ya concluidas; la inversión total proyectada del programa rondaría los 690 millones de dólares, monto que abarca los planteles en construcción y los paquetes de intervención por venir. Para conservar el orden en plazos y presupuestos se requiere una estructura de monitoreo que contraste lo previsto con lo realizado, identifique eventuales cuellos de botella y adopte decisiones correctivas con agilidad.

En paralelo, el ritmo de “dos escuelas por día” marca un cronograma exigente que no se detiene en fines de semana o días festivos. Esa cadencia supone contar con múltiples frentes de trabajo, equipos de supervisión disponibles en todo momento y un sistema de compras ágil para evitar quiebres de suministro. El reporte de 694 centros en distintas fases de construcción confirma que la tubería de proyectos está cargada y que la programación de entregas para los próximos meses podría sostener la tendencia.

Impacto esperado en cobertura y equidad educativa

Renovar infraestructura no es un fin en sí mismo; su propósito es abrir oportunidades. Aulas ventiladas, techos impermeables, electricidad segura y patios en buen estado se traducen, en el día a día, en menor ausentismo, jornadas más productivas y condiciones que permiten desplegar metodologías activas. Para el personal docente, disponer de espacios funcionales y equipados contribuye a mejorar la práctica pedagógica y a dedicar menos tiempo a sortear carencias.

Desde la perspectiva de equidad territorial, la selección de escuelas en áreas rurales y periurbanas pretende cerrar brechas con respecto a centros urbanos de mayor tamaño. Este criterio, sumado a la simultaneidad de entregas, ayuda a elevar el estándar mínimo de infraestructura en regiones históricamente postergadas, donde la falta de mantenimiento o el deterioro acumulado impactaban en los aprendizajes.

Claridad, excelencia constructiva y conservación duradera

Un programa de esta magnitud solo alcanza su potencial si garantiza transparencia en los procesos de contratación, supervisión técnica y recepción de obras. Para la ciudadanía, resulta clave conocer el estado de avance, los montos comprometidos y los criterios de priorización. La difusión pública de los paquetes entregados y de los planteles en ejecución es parte de ese ejercicio de rendición de cuentas.

Garantizar una construcción de buena calidad resulta igualmente esencial. La elección de materiales idóneos, la definición precisa de las especificaciones y la verificación del rendimiento de los sistemas eléctricos, hidráulicos y sanitarios se vuelven claves para evitar arreglos prematuros. Tras la entrega, la fase de uso requiere un plan de mantenimiento que incluya limpiar cubiertas y canaletas, revisar de manera periódica las conexiones, aplicar pintura protectora en las fachadas y establecer protocolos para reportar y resolver fallas. Destinar recursos al mantenimiento preventivo en el presente disminuye el gasto en intervenciones más complejas a futuro.

Coordinación interinstitucional y logística territorial

La escala nacional del programa requiere sincronizar ministerios, direcciones departamentales de educación, gobiernos locales, proveedores y contratistas. Esa coordinación determina la capacidad de movilizar equipos técnicos, transportar materiales a zonas remotas y ajustar calendarios ante imprevistos climáticos o logísticos. En regiones con acceso limitado, planificar acopios, prever maquinaria adecuada y asegurar mano de obra capacitada marcan la diferencia entre una entrega a tiempo y un retraso prolongado.

La logística también incorpora la protección de las obras mientras los planteles continúan en operación; con frecuencia, las escuelas siguen activas durante la remodelación, situación que demanda cercos provisionales, trayectos peatonales claramente marcados y jornadas laborales que se armonicen con las clases. Esta coordinación reduce al mínimo las alteraciones en el calendario escolar y salvaguarda tanto al alumnado como al personal.

Indicadores de avance y desafíos que siguen pendientes

La tercera entrega de 70 escuelas —que eleva a 210 las instituciones modernizadas— evidencia que el programa avanza con mayor alcance y velocidad. Para las comunidades, contar con instalaciones renovadas y operativas refuerza la confianza y aviva el interés por las próximas entregas. El dato de 694 centros en proceso de obra indica que la siguiente fase ya toma forma y que, si se preserva el ritmo previsto, el panorama educativo del país continuará transformándose de manera sostenida.

Quedan, sin embargo, retos propios de una intervención prolongada. Sostener la calidad sin frenar el avance, garantizar la trazabilidad de cada dólar utilizado, reforzar el mantenimiento futuro y complementar la renovación física con provisión de materiales didácticos y capacitación docente constituyen elementos interdependientes. De cómo se articulen dependerá que la mejora en la infraestructura se convierta en avances duraderos del aprendizaje.

Una dedicación sostenida hacia la educación pública

La inversión en infraestructura escolar no solo implica renovar techos y paredes, sino también reorganizar prioridades. Cada aula rehabilitada, cada patio reacondicionado y cada instalación eléctrica puesta al día envían el mensaje de que el entorno educativo es esencial y de que la escuela pública debe garantizar espacios seguros y dignos. Con la tercera etapa del programa “Dos Escuelas por Día”, el país continúa una estrategia que, por su escala y planteamiento, tiene el potencial de transformar significativamente la vivencia educativa de cientos de miles de estudiantes.

Si el calendario se cumple y la calidad se mantiene, la suma de paquetes entregados delineará, en pocos años, un sistema de planteles más robusto, más equitativo y mejor preparado para los desafíos pedagógicos actuales. Para las familias, esto se traduce en confianza; para el personal docente, en espacios que potencian su labor; y para la niñez y juventud salvadoreña, en oportunidades reales de aprender en ambientes seguros y estimulantes. La tercera entrega es un paso decisivo en ese camino y un recordatorio de que la transformación educativa requiere constancia, planificación y trabajo coordinado a lo largo del tiempo.

Por Teresa Figueroa